Una de las razones por las que el asesinato del comerciante bretón Pierre Quémeneur en 1923 constituye, hasta hoy, uno de los mayores enigmas judiciales de Francia es porque nunca se encontraron ni el cadáver ni el arma y ni tan siquiera se pudo precisar la escena del crimen. Tampoco hubo testigos. Aun así, el principal sospechoso, el bretón Guillaume Seznec, amigo del muerto, fue condenado a cadena perpetua con trabajos forzados, sentencia que purgó durante 20 años en un durísimo penal de la Guyana Francesa, antes de que Charles de Gaulle lo indultara por buena conducta.
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Fecha: December 08, 2017 at 08:31AM
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